jueves, 2 de diciembre de 2010

God's Pussy

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Impresora en 3D que Imprime sus Propias Mejoras


Una impresora 3D es una máquina de prototipado rápido con plástico, es decir, tú diseñas algo en 3D con un software de vectores, lo alimentas a este pedo, y voila, crea perfectamente en el plástico seleccionado lo que diseñaste. Es como un CNC pero más (o menos) chingón.

Bueno, el chiste es que en este artículo describen una impresora en 3D que crea piezas para mejorarse a sí misma. ¿¿¿???

La idea me asusta. ¿Qué pasará cuando a alguien se le ocurra combinar esto con unos brazos robot y un algoritmo genético? ¿O, combinando las siguientes generaciones de estas invenciones? Tal vez el apocalipsis de los robots esta cerca.

martes, 30 de noviembre de 2010

Morgan vs Bateman: Comparación entre Asesinos Ficticios

Por fin estoy leyendo el “American Psycho” de Brett Easton Ellis. Le dí muchas vueltas al asunto de leerlo, incluso cuando me gustó mucho la película que engendró la novela y la opera prima de Eason Ellis “Less than Zero”.

También sigo fielmente la tele-serie “Dexter”, cuyo principal atractivo es la trama de novela policíaca-descubre quien es el asesino, pero también trata ampliamente la mente de un psicópata. Durante los primeros episodios, “Dexter” trata de seguir la idea de “American Psycho”, el protagonista se auto-describe como un ser vacío, deshumano; sin embargo mientras avanza la serie, esto se vuelve insostenible.

Dexter acaba pareciendo la versión “Disney” de Patrick Bateman, la realidad es que son seres muy distintos. Dexter es capaz de identificarse con otros seres humanos, siente empatía. Dexter es un ser moral, y de una moralidad intachable. Aunque es una moralidad con la que muchos no estaríamos de acuerdo (la utilitaria), aprendes a querer a Dexter, a justificarlo, quisieras tenerlo de amigo y benefactor. Como lo enuncia uno de los personajes de la serie “You can’t be a hero and a villian”, pero sí puede, y ese es el éxito del personaje.

Del otro lado, Brett Easton Ellis construye ardua y cuidadosamente la mente de Patrick Bateman, y aunque su vida es un cruel y vertiginoso vacío, el lector es incapaz de sentir algún tipo de simpatía por él. Es un monstruo disfrazado de hombre, tan solo deseas que le caiga un piano desde un edificio para que el universo vuelva a tener algo de sentido. Un ser completamente amoral, Patrick Bateman es la ira del nihilismo desatada sobre el mundo, y es terrible.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Deux Arabesque

Dos piezas para piano de “El Francés” Claude Debussy. Últimamente me he visto obsesionado con ellas, al principio me maravillaba la no. 2, ahora siento que tengo que escuchar todos los días la no. 1.





Arabesco en este caso no tiene mucho que ver con la noción cotidiana que se la da al término. No necesariamente de Arabia, quiere decir algo decorativo, pero también se puede entender como algo nuevo-diferente-bello: arabesque.

Durante el tiempo que pasó entre Bach y Debussy, la música “clásica” occidental se apegó a estructuras formales harmónicas que sostenían a los temas y sus variaciones. Debussy trató de olvidar esto y construir su música desde otros lugares, a veces componía por colores y timbres.

En este caso los arabescos son una serie de líneas melódicas que se remontan y evolucionan a lo largo de la pieza, sans motif, y sin una estructura clara, de armonía diatónica.

Debussy entendía el término arabesque como lo entendía Baudelaire, el proto-simoblista, con esta nueva estética para crear símbolos desde atmósferas sonoras… Todavía me pregunto ¿Cuál será el simbolismo de los arabesques? Para mi representan el aspecto móvil de la naturaleza, creo que puedo escuchar agua moviéndose entre esas notas.

jueves, 21 de octubre de 2010

Diatriba contra el Nuevo Misticismo

(a Benoit Mandelbrot)


Me encanta cuando me llaman una persona cuadrada cuando rechazo incondicionalmente los preceptos de la dianética; o que tengo cerrada la mente porque no acepto los testimonios individuales sobre astrología, divinación y nigromancia


Tiene que hacer su aparición la falacia más vieja del libro, argumentum ad hominem, cuando se pone fláccida la erección esotérica frente a los argumentos de la razón. Entonces sí, mi cualidad cognitiva es una basura y estoy psicológicamente inadaptado para aceptar ideas frescas.

¿Qué si todo es energía? Claro, Einstein eso nos lo dijo hace como cien años. Y eso no es nada, si lo qué buscas es magia, harías bien en leer las ideas de Alan Turing o de Kurt Gödel. Algo de magia real. ¿Pero para qué? Si existe la magia perezosa mercachifle, que a un precio módico te da el panorama de tu fortuna en los negocios y en el amor.


Tampoco se trata de creer que la razón y la ciencia tienen todos los ases. Hay tanto conocimiento aguardando paciente en el delirio, en la demencia, saltando campante sobre los límites de la razón. Solo deja que Rothko te explique la existencia con una mancha anaranjada en un lienzo, o que Sebastian Bach desentrame el universo en una fuga. Deja que el poder del arte exhiba a esos mercaderes impostores.


Igualmente, no es mi intención descalificar al ocultismo. No hay como leer unos relatos de Lovecraft durante una noche de soledad y dormir intranquilo figurando monstruos en cada sombra y al fondo de la penumbra. Qué bueno que sirva para alimentar al misterio o a la paranoia de la vida, sin embargo, definitivamente no es posible tomarlos como algo fáctico. Menos como un argumento serio sobre metafísica o epistemología.


Parece que a cualquiera le viene fácil confundir la integridad intelectual con necedad.

martes, 12 de octubre de 2010

"Voyage au Bout de la Nuit"

Esta novela de Louis Ferdinand Celine me incitó a tratar nuevamente de escribir una breve reseña literaria.

Para empezar Celine era un nazi y un antisemita, curiosamente también era un pacifista; si esto le quita merito a su brillantez como pensador o a su proeza como escritor, recae en el lector. Ya cada quien podrá hacer las deducciones pertinentes.

El Viaje al fin de la Noche es un libro pesimista hasta el cansancio. Vas agotado entre página y página deseando abandonar de una buena vez ese mundo sórdido y asqueroso. Lo único que te lo impide es que uno de cada treinta de sus párrafos es un texto demoledor, de esos que te hacen sentir que no queda más por escribir en el universo. Sin orgullo pero también sin conmiseración, cobarde, juega con las esencias de la existencia.

En ocasiones, después de alguna sesión de su lectura, me temía una contaminación mental. Comenzaba a percibir todo el mundo absurdo, a todas las personas salvajes, muertos deambulatorios. Pero hacia el final de la novela, aún cuando esta no cambiaba de tono, yo comencé a sentirme rejuvenecido y positivo. Abandonar al sentido común y a la higiene mental tiene ese efecto en la cabeza, a eso te orilla Celine.

El Viaje al Fin de la Noche es como un primo hermano del Ulysses de Joyce, un primo simplón y que no es artista, pero igual de profundo y estrafalario.

Nota aparte, lo divertido que son los coloquialismos de principios de siglo XX.

lunes, 4 de octubre de 2010

For the laughs